La cocaína es un estimulante extremadamente adictivo que
afecta directamente al cerebro. La cocaína ha sido llamada la droga de los años
ochenta y noventa por su gran popularidad y uso extendido en esas décadas. Sin
embargo, no es una droga nueva. En realidad, la cocaína es una de las drogas
que se conoce desde hace más tiempo. Las hojas de la coca, de donde se obtiene
la cocaína, se han ingerido por miles de años, mientras que la sustancia
química pura, el clorhidrato de cocaína, se ha consumido por más de 100 años. A
principios del siglo XX, por ejemplo, la cocaína purificada se convirtió en el
principio activo básico que se empleaba en la mayoría de los tónicos y elíxires
creados para tratar una gran variedad de enfermedades.
¿CÓMO SE CLASIFICA?
Según la organización mundial de la salud (OMS), el nombre
de droga resulta aplicable a toda sustancia, terapéutica o no, que introducida
en el cuerpo por cualquiera de los mecanismos clásicos (inhalación de vapores o
humos, ingestión, fricciones, etc.) o nuevos (administración parental,
endovenosa, etc.) la administración de los medicamentos es capaz de actuar
sobre el sistema nervioso central del individuo hasta provocar en él una
alteración física o intelectual, la experimentación de nuevas sensaciones o la
modificación de su estado físico. Esa modificación condicionada por los efectos
inmediatos (psicoactivos) o persistentes (crónicos), predispone a una
reiteración continuada en el uso del producto. Su capacidad de crear
dependencia, física o psíquica, en el consumidor es precisamente una de las
características más importantes a la hora de definir una sustancia como droga.
Pero la dependencia no viene determinada exclusivamente por esa interacción
entre la sustancia y el sistema nervioso central que, real y objetivamente,
tiene efectos bioquímicos agudos, persistentes o crónicos a corto, medio o
largo plazo. Es una situación más compleja, en la que también intervienen la
estructura social donde se desenvuelve el sujeto, sus relaciones dentro de un
grupo humano y la “agresividad” en los mecanismos del mercado del producto. En
este factor dependencia está basada, precisamente, una de las clasificaciones
más controvertidas de las drogas: “duras o pesadas”, cuando crean adición
física, y “blandas o ligeras” cuando no la crean.
EFECTOS EN EL CUERPO HUMANO.
La cantidad media de cocaína que un toxicómano ingiere al
cabo del día puede oscilar entre los 5 y los 10 g. y siempre en varias tomas,
porque una sola dosis de más de 0,5 g. puede ser mortal. Nada más producirse la
aspiración, y dado que la cocaína es un potente estimulante del sistema
nervioso central, el individuo experimenta una exaltación del ánimo, con
sensaciones de vigor y ausencia de las manifestaciones subjetivas de fatiga.
Estos síntomas van unidos a una aparente brillantez intelectual, parecida al
ingenio pero carente de un trasfondo creativo. Ocasionalmente aparecen estados
alucinatorios, especialmente auditivos, táctiles y visuales, estos últimos casi
siempre coloreados, con cuadros plásticos que hacen recordar al cubismo y al
dadaísmo. El desdoblamiento polidimensional de los objetos y su difracción
cromática conducen, junto con las voces insultantes que también se pueden
percibir, a situaciones de terror incontrolable, acompañadas a veces de intensa
agresividad. Pero posiblemente lo que más llame la atención, y que puede
considerarse como uno de los síntomas más característicos de este tipo de
intoxicaciones, es el denominado síndrome de Magnan, cuadro alucinatorio
microzoóspico en el que el enfermo cree percibir bajo su piel o su ropa
pequeños insectos parásitos.
TRÁFICO DE COCAÍNA.
La relación entre el precio de producción y el precio de
venta al por menor de la cocaína es de 1 a 200, mientras que el de la heroína
es 1 a 2000. En Europa hay 15 millones de consumidores de cocaína (con un
consumo de 50 toneladas que mueven 6000 millones de dólares), 700.000
consumidores de heroína (17 toneladas que mueven 40.000 millones de dólares) y
15 millones de consumidores de cannabis. Específicamente en España se estima
que existen del orden de 45.000 heroinómanos, 50.000 cocainómanos (las Naciones
Unidas los estiman en 80.000) y 1.800.000 consumidores de hachís.
Este comercio
se estima que mueve alrededor de 250.000 millones de pesetas al cabo del año.
Pero si algún país está sufriendo los efectos devastadores del uso y abuso del
consumo de droga de todo tipo son los Estados Unidos. Recientes afirmaciones
afirman que 20 millones de americanos consumen cannabis, 6 millones cocaína (se
estima el consumo de 200 toneladas, con un valor de 18.000 millones de dólares)
y unos 500.000 son heroinómanos que consumen más de 200 toneladas de dicha
droga, con un valor de 28.000 millones de dólares).
Los campeones de la producción de cocaína son Perú, Bolivia,
Colombia con 231.000 toneladas de hoja de coca que equivalen a 417 toneladas de
cocaína.
En muchos países iberoamericanos se viven situaciones
políticas comprometidas con el narcotráfico de cocaína.
¿CÓMO SE CONSUME LA COCAÍNA?
La cocaína usualmente se vende en la calle en forma de un
polvo blanco, fino y cristalino que se conoce en español como “coca”, “nieve”,
“dama blanca” o “talco”. Algunos de sus nombres en inglés son “coke”, “C”,
“snow”, “flake” y “blow”. Los traficantes generalmente mezclan la cocaína con
otras sustancias inertes, tales como la maicena, el talco o el azúcar; o con
ciertas drogas activas como la procaína (una anestesia local de composición
química parecida) u otros estimulantes, como las anfetaminas. Algunos
consumidores combinan la cocaína con la heroína en lo que suelen llamar un
“speedball” (en español también se conoce como “revuelto”, “rebujo”, “francés”
o “café con leche”).
Hay dos formas químicas de la cocaína que suelen consumirse:
la sal de clorhidrato (que es soluble en agua) y los cristales de cocaína o
base, conocida en inglés como “freebase” (que no son solubles en agua). La sal
de clorhidrato, o la forma en polvo de la cocaína, se consume de forma
inyectada o inhalada (“snorting”). Los cristales de cocaína o freebase han sido
procesados con amoniaco o bicarbonato sódico y agua y luego calentados para
eliminar el clorhidrato y producir una sustancia que se puede fumar. El término
“crack”, el nombre de la calle para los cristales o base de cocaína, se refiere
al sonido crujiente que se oye al fumar esta mezcla.
Las formas más comunes de consumo son inhalación,
insuflación o inyección en vena.
CONSECUENCIAS DEL CONSUMO.
Ya que la cocaína es una droga extremadamente adictiva, es
muy difícil que una persona que la pruebe pueda predecir o controlar hasta
dónde continuará deseándola o consumiéndola. Asimismo, si la persona se vuelve
adicta, el riesgo de recaídas es alto aún después de periodos largos de
abstinencia. De acuerdo con algunos estudios recientes, durante periodos de
abstinencia del uso de cocaína, el recuerdo de la euforia asociado con su uso,
o solamente una referencia a la droga, puede disparar un deseo incontrolable de
consumirla y terminar en una recaída.
Al ser expuesto repetidamente a la cocaína, el cerebro
comienza a adaptarse a la misma y la vía de gratificación se vuelve menos
sensible a los refuerzos naturales y a la droga en sí. El consumidor puede
desarrollar tolerancia, lo que significa que necesitará una dosis cada vez
mayor de la droga o que deberá consumirla con más frecuencia para obtener el
mismo placer que cuando recién comenzó a usarla. Al mismo tiempo, los
consumidores también se pueden volver más sensibles (sensibilización) a la
ansiedad, las convulsiones u otros efectos tóxicos de la cocaína.
La cocaína se suele consumir repetidamente y en dosis cada
vez mayores (en “binges”), lo que puede conducir a un estado de irritabilidad,
inquietud y paranoia e incluso puede causar un episodio total de psicosis
paranoica en el que se pierde el sentido de la realidad y se sufre de
alucinaciones auditivas. Al aumentar la dosis o la frecuencia del consumo,
también aumenta el riesgo de sufrir efectos psicológicos o fisiológicos
adversos.
Las reacciones adversas que resultan del consumo de cocaína
varían dependiendo de cómo se administra. Por ejemplo, la inhalación regular
puede causar una pérdida del sentido del olfato, hemorragias nasales, problemas
al tragar, ronquera y una irritación general del tabique nasal, lo que puede
producir una condición crónica de irritación y salida de secreción por la
nariz. Cuando se ingiere, la cocaína puede causar gangrena grave en los
intestinos porque reduce el flujo sanguíneo. Además, las personas que la
inyectan tienen marcas de pinchazos y trayectos venenosos conocidos como
“tracks”, usualmente en los antebrazos. Los usuarios intravenosos también
pueden experimentar reacciones alérgicas, ya sea a la droga o a algunos de los
aditivos que se agregan a la cocaína en la calle y, en los casos más severos,
estas reacciones pueden provocar la muerte. El uso crónico causa pérdida del
apetito haciendo que muchos consumidores tengan una pérdida significativa de
peso y sufran de malnutrición.
FÓRMULA QUÍMICA
Cocaína: Es uno de los 14 alcaloides de la coca, su nombre
científico es Benzoil-metil-ecgonina y su fórmula molecular es C17 H21 NO4








